La cama está vacía de un solo lado. No hay susurro en el oído ni una cadera dónde reposar mi muñeca. El frío de las sábanas está ahí, pero no hay calor que lo aminore. 

Prefiero hacer el intento de dormir mirando a la derecha porque no hay nadie que me falte ahí; pero siempre termino girando sobre mi espalda, y me termino encontrando con la pared. 

No me voy a dormir, me quedo dormido. No pasa diario, solo cuando pongo atención a las almohadas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Caminantes

Multitud.

Oración