aquí estoy
" Escribimos d e lo que se tiene que escribir, y nada más". —José Guadalupe Arana. Mi abuelo me enseñó a leer. Fruto del embarazo de una pareja joven, crecí durmiendo en la que antes fue su oficina. Cuatro paredes que escupían libros viejos forrados con plástico cristal. Era como dormir en el tercer piso de la Vasconcelos. Para mí la lectura no significaba nada. Siendo sincero no me interesó hasta muchos años después. No me refugié en los libros ni en los mundos que alguien más había creado. Me obligaban a leer antes de ver una película, pero eso no despertaba ningún apetito por seguir haciéndolo. Irónico, viniendo de una familia que se dedicaba a la docencia. A veces sentía que no pertenecía a esa especie. Años después se mudaron. Él los regaló casi todos. No entendía cómo es que los adultos podían emitir una opinión tan elaborada de una película para niños. Si todos vimos lo mismo, no entendía por qué yo era el único que no podía comprenderlo. Así viví la mayor...