Petrícor
Prometí dejar el cigarro cuando ya no hubiera más por lo que fumar. El problema es que siempre hay algo. Hoy me permito un par al día, solo cuando las circunstancias lo ameritan, aunque, siendo honesto, siempre lo hacen. Aquella fue una de esas veces. Eran alrededor de las seis de la tarde cuando el teléfono sonó. El sol comenzaba a ocultarse detrás de algunas nubes distraídas y, aunque el calor había disminuido y la lluvia estaba por llegar, aún sobrevivía el bochorno de las tardes de verano. Yo estaba a punto de servirme un trago cuando sucedió. Supuse que era alguien de la oficina: los días habían sido especialmente estresantes y toda mi tranquilidad descansaba en la esperanza de que no se materializara un escenario concreto que pondría en peligro cada una de las cosas por las que habíamos trabajado durante tanto tiempo. No me equivoqué. Cuando colgué, dejé el celular sobre la barra de la cocina. Todo se convirtió en silencio, en una resignació...