Regresé a la cafetería después de seis meses. Fueron mis pasos los que me trajeron. Todo inició cuando llegué a la estación de metro donde solía terminar la mejor parte de mi dia. Y ahi estaba, el mismo tubo, la misma cadena, pero la pareja que estaba recargada me era desconocida. No había puesto atención a dónde estaba hasta que alcé la mirada. Luego el tren llegó y volví a bajarme una estación después. Imagino que fue la memoria muscular la que me trajo aquí. Desde esta mesa dediqué tantos minutos a soñar una vida distinta. Tan distinta como la que vivo hoy, pero no se trataba de que fuera asi. Hoy el mundo no ha cambiado, los rostros son familiares y los sonidos siguen siendo los mismos. Menos yo. Ahora hay algo en mi que me hace sentir que no pertenezco. Ya no más. Supongo que ya no soy aquél tipo que fui.
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JUEVES 2 a.m.
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Creía que superarlo era cuestión de tiempo, pero olvidar no es un acto de fe. Olvidar es una decisión, una que se toma todos los días, y a diferencia de lo que nos han enseñado, no significa dejar de pensar, tampoco dejar de sentir. Mucho menos significa dejar de extrañar. El olvido habita en la permanencia del recuerdo. Depende de que exista, de que se mantenga vivo. Yo elijo olvidarla como excusa para poderle recordar. Porque sé que es mi memoria el único lugar de donde nunca se fue.