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Lo saben

 El cambio se acerca; la vida se ha encargado de comandar a sus heraldos para visitarme. Los vientos vernales azotan mis mejillas y me empujan hacia aquello en que he de convertirme. Lo percibo en su fragancia: una transmutación tajante que me llama, que me atrae. Las hojas de los árboles susurran mi nombre, murmuran los secretos que me pertenecen. Entre las sombras encuentro destellos de una vida que estoy destinado a vivir. Premoniciones que develan un propósito: las voces de almas encomendadas a guiarme, de universos que me corresponden, de miradas que orientarán mis pasos. No sé qué es lo que viene, ni quiénes vengan a entregármelo; sólo sé que esperan que les encuentre, porque allá donde estén, ya saben que les escuché.

Otro relato breve

  Ayer te escuché llorando en el balcón cuando dieron las once de la noche. No intentaba ocultarme porque estaba seguro de que mi presencia era suficientemente fútil como para ser tomada en cuenta. Yo pensé que habías dejado el cigarro, y me sorprendió oler el humo que se coló por mi ventana, fue ese rastro el que me llevó a ti. No dijiste una sola palabra, no fue necesario que lo hicieras para poder entender que estabas librando una batalla perdida contra tu soledad. Fue un cigarro tras otro; hice el intento de seguirte el paso por pura curiosidad y de pronto reparé en que la cantidad de colillas en el cenicero había aumentado considerablemente. Parecía que todos los ruidos de la noche se habían coordinado para servirte a ti: el rugido del viento que rasgaban los autos que avanzaban debajo de nosotros, las sirenas que anunciaban discretamente un número inaudito de calamidades, la bocina solitaria del tren de carga que atravesaba la ciudad. Es irónico, la forma en que todos esos so...

Caminantes

Escribo para ti porque sé que en mis palabras podré encontrarte cuando mi amor no sea suficiente para hacer que te quedes. Si he de mirar atrás podré ver un camino recorrido sobre las más frescas hierbas, un sendero rodeado de aquellas flores con el perfume más exquisito jamás concebido. Y el cielo, ¡oh, el cielo! Días azules teñidos de violeta, rosa y naranja, en ocasiones de un gris cargado de incertidumbres. Pero, al final, siempre cielo, con esa calma inexorable que invita a las almas más inquietas a sosegarse. Toneladas de nubes me sobrevolaron, trayendo claridades precedidas de leves lloviznas, tormentas y, una que otra tarde, algún huracán que arrasó con todo a su paso.  Si he de mirar atrás podré ser testigo del gran amor que me proporcionó el aliento vital para no rendirme. Un amor que me acompañó a lo largo de todos esos pasos que me han traído hasta aquí. Y, muy a mi pesar,  contra cualquier intento desesperado por contravenir esta determinación inevitable, ...

Silvestre

Lo primero que sintió cuando abrió los ojos fue la almohada empapada bajo su cabeza. Su garganta estaba inflamada y cuando intentó tragar saliva, sintió una fuerte punzada. Movió los dedos de las manos y los pies y, al asegurarse de que no se encontraba en una parálisis de sueño o a la mitad de algún desdoblamiento astral, se atrevió a cerrar los puños. Pasados diez segundos, al fin hizo acopio del valor necesario para sentarse en la orilla en la cama, con una constante sensación de que su corazón saldría disparado de su pecho.              Fijó su mirada en uno de los puntos donde dos azulejos del piso se juntaban y pudo identificar a una pequeña araña atravesando esa unión como si fuera un camino de tierra. Aún respiraba con dificultad y se llevó la mano derecha al pecho palpando su playera que escurría sudor frío. Cuando logró apaciguar su pulso buscó con el pie las sandalias debajo de la cama y sin ponérselas totalmente, se levantó.  ...

Desfasado

  En un suelo que se derrumba, en donde el equilibrio se pierde y la certeza se vuelve duda, donde uno vive pagando el pasado que no vivió con un presente que hemos de pagar con lo que vivamos mañana, yo sólo quiero una pincelada de calma.  Para ustedes.      Cuando lo coloco todo en la balanza de la plenitud, el contrapeso se torna turbio. Mientras mi pasado hoy se ve brillante, alegre, ruidoso, alebrestado, y el futuro promete estar repleto de experiencias que excedan todas esas gratas emociones, cuando miro mi presente, se muestra desolado, lejano, abandonado, solo, rutinario, repetitivo, agobiante, triste. He ahí el cesgo, la ilusión. Nostalgia, creo que le llaman.      Por supuesto que preferiría vivir las risas que me dejó el mes de abril en comparación con la taquicardia que hoy me visita, y la única manera plausible que encuentro para lograrlo ha sido reproducir una cinta inagotable de recuerdos prefabricados, maquillados e iluminados arti...

Velas encendidas

  Para todas las personas que decidieron caminar junto a mí  aunque sea un ratito  de los últimos cinco años.  Hola.  Si estás leyendo esto, entonces sabes que ha terminado nuestro viaje. Si estás leyendo esto sabes que la culminación que tan lejos se miraba, hoy nos encontró.  Mi mamá siempre ha dicho que cuando no sepa por dónde empezar, lo haga por el inicio. Pero siendo sincero, no logro distinguirlo. No logro vislumbrar el momento exacto en que el sol de cinco primaveras curtió mi piel. No logro sostener el tiempo en mis manos porque cada que intento sujetarlo, se convierte en arena y escapa por las comisuras de mis dedos. No quiero que se vaya. Al menos no así. Quisiera a ratos que no hubiera más historia, que aquí se cerara el telón y ya. ¡Fin! .Vivir en los recuerdos, vivir en los abrazos. Cuántas vidas, cuántos universos. Cuántas almas luchando todos los días por descubrir cómo sobrevivir en la duda, en la incertidumbre, en el entusiasmo y la ilusi...

Intrusivo

Para quienes han sufrido en una tarde de domingo.   Los demonios que hostigan mi sosiego suelen arribar las tardes de domingo. Puede que esto se haya originado en alguno de mis años de infancia en los que carecía de la compañía de mi padre y de la atención y las caricias de mi madre.       Tengo grabado en mi memoria el recuerdo de la calurosa tarde de aquel domingo de marzo. Ese día mi mamá había ido al hospital para hacer de compañía a una amiga suya, y mi papá, como los últimos 22 años que hasta ese momento yo podía recordar, estaba adherido a una extenuante jornada laboral que lo exprimía lo justo para apenas poder mantenerse en pie. Como el hospital se encontraba cerca de la casa de mis abuelos maternos, aproveché para ir a visitarlos y, cuando mi mamá regresara del hospital, ambos iríamos a casa.     En uno de los momentos donde mi tedio alcanzó su nivel más alto, decidí sentarme en las escaleras que daban al patio de la casa. Eran casi las cuatr...