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Petrícor

Prometí dejar el cigarro cuando ya no hubiera más por lo que fumar. El problema es que siempre hay algo. Hoy me permito un par al día, solo cuando las circunstancias lo ameritan, aunque, siendo honesto, siempre lo hacen. Aquella fue una de esas veces.      Eran alrededor de las seis de la tarde cuando el teléfono sonó. El sol comenzaba a ocultarse detrás de algunas nubes distraídas y, aunque el calor había disminuido y la lluvia estaba por llegar, aún sobrevivía el bochorno de las tardes de verano. Yo estaba a punto de servirme un trago cuando sucedió. Supuse que era alguien de la oficina: los días habían sido especialmente estresantes y toda mi tranquilidad descansaba en la esperanza de que no se materializara un escenario concreto que pondría en peligro cada una de las cosas por las que habíamos trabajado durante tanto tiempo. No me equivoqué.      Cuando colgué, dejé el celular sobre la barra de la cocina. Todo se convirtió en silencio, en una resignació...

Lo saben

 El cambio se acerca; la vida se ha encargado de comandar a sus heraldos para visitarme. Los vientos vernales azotan mis mejillas y me empujan hacia aquello en que he de convertirme. Lo percibo en su fragancia: una transmutación tajante que me llama, que me atrae. Las hojas de los árboles susurran mi nombre, murmuran los secretos que me pertenecen. Entre las sombras encuentro destellos de una vida que estoy destinado a vivir. Premoniciones que develan un propósito: las voces de almas encomendadas a guiarme, de universos que me corresponden, de miradas que orientarán mis pasos. No sé qué es lo que viene, ni quiénes vengan a entregármelo; sólo sé que esperan que les encuentre, porque allá donde estén, ya saben que les escuché.

Otro relato breve

  Ayer te escuché llorando en el balcón cuando dieron las once de la noche. No intentaba ocultarme porque estaba seguro de que mi presencia era suficientemente fútil como para ser tomada en cuenta. Yo pensé que habías dejado el cigarro, y me sorprendió oler el humo que se coló por mi ventana, fue ese rastro el que me llevó a ti. No dijiste una sola palabra, no fue necesario que lo hicieras para poder entender que estabas librando una batalla perdida contra tu soledad. Fue un cigarro tras otro; hice el intento de seguirte el paso por pura curiosidad y de pronto reparé en que la cantidad de colillas en el cenicero había aumentado considerablemente. Parecía que todos los ruidos de la noche se habían coordinado para servirte a ti: el rugido del viento que rasgaban los autos que avanzaban debajo de nosotros, las sirenas que anunciaban discretamente un número inaudito de calamidades, la bocina solitaria del tren de carga que atravesaba la ciudad. Es irónico, la forma en que todos esos so...

Caminantes

Escribo para ti porque sé que en mis palabras podré encontrarte cuando mi amor no sea suficiente para hacer que te quedes. Si he de mirar atrás podré ver un camino recorrido sobre las más frescas hierbas, un sendero rodeado de aquellas flores con el perfume más exquisito jamás concebido. Y el cielo, ¡oh, el cielo! Días azules teñidos de violeta, rosa y naranja, en ocasiones de un gris cargado de incertidumbres. Pero, al final, siempre cielo, con esa calma inexorable que invita a las almas más inquietas a sosegarse. Toneladas de nubes me sobrevolaron, trayendo claridades precedidas de leves lloviznas, tormentas y, una que otra tarde, algún huracán que arrasó con todo a su paso.  Si he de mirar atrás podré ser testigo del gran amor que me proporcionó el aliento vital para no rendirme. Un amor que me acompañó a lo largo de todos esos pasos que me han traído hasta aquí. Y, muy a mi pesar,  contra cualquier intento desesperado por contravenir esta determinación inevitable, ...

Velas encendidas

  Para todas las personas que decidieron caminar junto a mí  aunque sea un ratito  de los últimos cinco años.  Hola.  Si estás leyendo esto, entonces sabes que ha terminado nuestro viaje. Si estás leyendo esto sabes que la culminación que tan lejos se miraba, hoy nos encontró.  Mi mamá siempre ha dicho que cuando no sepa por dónde empezar, lo haga por el inicio. Pero siendo sincero, no logro distinguirlo. No logro vislumbrar el momento exacto en que el sol de cinco primaveras curtió mi piel. No logro sostener el tiempo en mis manos porque cada que intento sujetarlo, se convierte en arena y escapa por las comisuras de mis dedos. No quiero que se vaya. Al menos no así. Quisiera a ratos que no hubiera más historia, que aquí se cerara el telón y ya. ¡Fin! .Vivir en los recuerdos, vivir en los abrazos. Cuántas vidas, cuántos universos. Cuántas almas luchando todos los días por descubrir cómo sobrevivir en la duda, en la incertidumbre, en el entusiasmo y la ilusi...

Sabor a hierro

Se había quedado ahí parado, mirando fijamente los hilos de sangre que avanzaban sobre el concreto. El insesante tránsito de los autos y la deficiencia en la pavimentación propicia que cada vez se formen más baches; no le sorprendió que la cabeza cayera justo en un pequeño socavón, y a la altura de la frente, un balazo. Hoyo en uno. No, hoyo en dos. Alcanzó a ver el par de ojos que, de llegar unos minutos antes, hubieran mostrado un tono café ; ahora, se veían grises, percudidos, carentes de soplo vital. Ahí, una voz lo trajo de nuevo a la realidad.      —Son ciento tres pesos, joven —, dijo un viejo canoso y sudoroso que estaba metiendo una caja de cigarros, unas papas grandes y unos chicles en una bolsa.        —¿Usted vio cuando pasó? —respondió, agarrando con una mano la bolsa y con la otra dándole un billete de doscientos.      —Uy, joven. Si supiera lo que le toca ver a uno. La cosa está cada vez más cabrona. Ese estaba plati...

Hastío (2020)

  Escucho a los pájaros cantar y mi cabeza rebota contra las paredes.   Sigo sentado en esta silla incómoda que alguna vez soportó sueños y esperanzas.   El sol entra por la ventana e ilumina la habitación, pero no me calienta, no me alegra.   Sigo desesperado, sentado aquí sin hacer nada; escuchando aquellos pájaros pasarla de maravilla.   Una mosca rompió el estruendoso silencio de mi alma al pasar por mi oreja. Al menos ahora tengo a alguien para que me haga compañía.   Los pájaros siguen cantando, ahora al unísono, como si todos cantaran la misma canción.   Mientras tanto, yo seguiré aquí, sentado, sudando, pensando y esperando.   Escuchando aquella mosca pasar y aburrirse de mí hasta dejarme.   Dejarme como la soledad me ha dejado.   Por haberse aburrido de mí me ha dejado; y me ha dejado aquí, sentado en esta silla incómoda que tantos sueños y esperanzas ha carg...