Hoy recibí un mensaje donde me buscaron para pedirme armar un arreglo de flores. Recordé que la vida ha sido muy generosa conmigo, y me ha enseñado que no hay nada que nosotros aprendamos a hacer que no sea eventualmente aplicado en otro momento. No hay aprendizaje pequeño. Y ha sido muy lindo poder vislumbrar cada pequeña circunstancia. ¿Quién nos enseñó a amarrarnos las agujetas? ¿Quién nos corrigió cuando intercambiábamos la "s" por la "c"? ¿Quién nos recordó a no sorber la taza? No hay nada, de lo que hacemos cada dia, que no nos haya sido enseñado por alguien más. El truco de ponerle una bolsa a la olla del arroz para que la cocción salga bien, es de mi abuela; a mis padres, básicamente, les corresponde todo lo que me ha mantenido vivo al día de hoy; mi mejor amigo me ayudó a poder bailar decentemente; y claro, mi abuelo, que me enseñó a leer. Ahora, cada que hago una de esas tantas cosas, honro a la persona que ...
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Siguen apareciéndome fotografías que sobrevivieron a la remoción masiva a la que me sometí. Remoción porque recoloqué todo en un lugar seguro, seguro de mi mismo, a prueba de mi mismo. Pero, aquellas que logran escabullirse y sorprenderme cuando más baja tengo la guardia, remueven los cimientos más sólidos que he logrado levantar durante estos meses. No me compromete, no me asusta. No debilita mi criterio ni las promesas que me hice. Unas me dibujan una sonrisa sutil adentro del pecho, casi resignada, otras son como el dolor fantasma de una parte de mí cuerpo que ya no habito, que dejó de pertenecerme. Y déjenme decirles que esas, muy particularmente, duelen como el maldito infierno.
Oración
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Me jacto de tener la capacidad de convivir con cualquier cosa que me recuerde a lo que solía ser mi vida. Pero en tardes como esta, donde el cuarto se llena con el aroma de la tarde, mientras mi cuerpo se sigue recuperando de la batalla que libramos anoche, cuando el silencio cobra dominio encima de cualquier esperanza, es que comienzo a preguntarme: ¿Ha tenido mi existencia, algún efecto en la vida de la gente? ¿Cuánto ha valido mi cariño para el resto? ¿Qué represento en el pasado de las personas que he querido? ¿Será que me extrañan aquellos a quienes extraño? Algo habrán de recordar sobre mi. Espero que no sean solo las cosas malas. Porque cuando soy solo yo, sentado en la banca del parque, yendo por el tercer cigarro, hay toda una serie de momentos donde preferiría estar. No ya por ataduras, sino por el simple hecho de poder hacerlo. Es cruel la noción de recordarlo absolutamente todo y que se quede solo en ...
¿Cómo se llamó la obra?
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No es más feliz aquel que representa el papel con una técnica más pulida. Ni es más sabio el que pregona la inferioridad de aquellos que piensan diferente. Permitirse embriagar por la apariencia que los demás reconocen en nosotros lleva a pensar que, invariablemente, seremos eso que nos dicen que somos. Tan gruesa es la máscara que nos colocamos después de haber sido heridos en el alma; dos o tres centímetros de un hierro oxidado, lacerante al contacto con la piel, que termina anhelando que le miren. Solo así tendría sentido tenerla puesta. Aquel que pone sobre aviso a los demás de que su carácter es fuerte, muy probablemente solo lo haga para no volver a salir lastimado. Tan agotadora es, en esencia, la tarea de mostrarnos más atrevidos, más valientes, que apenas resta espacio para hallar algo de congruencia. Nos esforzamos tanto en los triunfos, la influencia, las relaciones, que terminamos convirtiéndonos sólo en eso. ...
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Conforme el tiempo avanza, las pérdidas se ven cada vez más cerca. He notado cierta distancia que me mantiene al tanto de lo que pasa, sin dejar a un lado la vinculación emocional que se ha mantenido fuerte y genuina desde que era pequeño. El amor me entibia, pero la realidad lo regula. Mi pronóstico para este año no es alentador. Algo en mi interior me dice que no será sólo una partida; están en camino. Miro al tiempo hacer de las suyas sobre mis abuelos y, aun así, lo he visto fracasar al intentar arrebatarles un pedacito de vida y amor de la mirada. Causa y efecto, supongo. Ellos mi causa, yo su efecto.
Precipicio
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He tenido la fortuna de contar con la confianza de mis amistades, y vamos descubriendo cómo entender de qué se trata eso del amor. Y más allá de cualquier otra cosa, me doy cuenta de la transición emocional que ha habido dentro de mí. No pienso como pensaba ni siento como sentía. Lo he intentado. He ido aprendiendo a hablarme en un idioma distinto que me he tenido que inventar, porque mi diccionario me quedaba obsoleto. No quedó más remedio que cambiar de dirección: o aprendía a comunicarme en ese nuevo idioma o me perdía en una traducción insuficiente. Ahora uno camina a dos pasos de distancia de los demás, alerta a cada hoja que cruje debajo del zapato, y vaya que eso ya es mucho decir. Los bordes de todas las cosas se observan más nítidos, como remarcados. Las texturas también se hicieron más rasposas. O será que yo empecé a escuchar a mi piel hablar cuando nos acercamos a la orilla; esa de la que saltan los que decidieron salvarse.
3. El descanso
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Cuando abrí los ojos, sólo había silencio. Mi primer instinto fue estirarme debajo de las sábanas y mover los dedos de los pies. A diferencia de antes, la luz entraba a través de la ventana con una intensidad que sólo se encuentra al nacer el día. Me mantuve quieto por unos minutos, sólo para asegurarme que se trataba de mi estado de vigilia y no de otra ensoñación. Cuando reuní el valor suficiente, me incorporé sobre mi cama y me detuve a observar la habitación. Todo estaba en su lugar, tal cual como solía encontrarse. Hice el intento pero no logré recordar lo que había sucedido la noche anterior; busqué algún indicio que denotara algo, una botella vacía, un porro a medio fumar. Nada. Solamente esa voz, retumbándome en la cabeza. Yo esperaba sentirme distinto, pero no hubo ninguna diferencia. Al menos no como lo pintan en las películas. No hubo un éxtasis, una urgencia por vivir, por disfrutar cada momento como si fuera el último. Fue cuando llegué a la cocina para hacer el desay...