Hoy recibí un mensaje donde me buscaron para pedirme armar un arreglo de flores. Recordé que la vida ha sido muy generosa conmigo, y me ha enseñado que no hay nada que nosotros aprendamos a hacer que no sea eventualmente aplicado en otro momento. No hay aprendizaje pequeño. 
   Y ha sido muy lindo poder vislumbrar cada pequeña circunstancia. ¿Quién nos enseñó a amarrarnos las agujetas? ¿Quién nos corrigió cuando intercambiábamos la "s" por la "c"? ¿Quién nos recordó a no sorber la taza? 
   No hay nada, de lo que hacemos cada dia, que no nos haya sido enseñado por alguien más.
   El truco de ponerle una bolsa a la olla del arroz para que la cocción salga bien, es de mi abuela; a mis padres, básicamente, les corresponde todo lo que me ha mantenido vivo al día de hoy; mi mejor amigo me ayudó a poder bailar decentemente; y claro, mi abuelo, que me enseñó a leer. 
   Ahora, cada que hago una de esas tantas cosas, honro a la persona que me entregó la claridad para poder hacerlo, tal vez incluso mejor a como lo hacía antes. 
   Es una idea que pronto trataré más a profundidad, pero que vine aquí, aprovechando la confianza, para reconocer, al menos de manera preliminar, que nunca sabemos para qué momento del futuro estamos aprendiendo algo, por más intrascendente que pueda ser.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Caminantes

Petrícor

Donde habita la certeza