Me volvieron a aparecer un par de fotos tuyas. No todas las perdí. Quizá es por la fecha, ¿qué sé yo? Pero todas las veces que dediqué a aprenderme de memoria cada centimetro de piel, el nacimiento de tu cabello, la forma de tus ojos; todo sigue siendo tan familiar. Quizá es más familiar el sentimiento de paz que en aquellos momentos me habitaba. No entiendo cómo pasó ese tiempo tan rápido. Parece que fue nada, y al mismo tiempo parece que nací y morí en ese instante.
Es tu voz la que comienza a fallarme, en ningún video se refugió. La recuerdo entrecortada, como un audio mal grabado. Tu risa sigue intacta, pero no la risa de todos los días, sino las carcajadas que llegaban a salir en momentos muy contados, y que no por ser pocos significa que no los mantengo cerca. Creo que son los que más recuerdo.
Y mirarlo todo ahora, parado desde aquí, ¿a dónde se fue todo eso? ¿A dónde nos fuimos nosotros? ¿A dónde te fuiste tú? Porque yo sé dónde estoy yo. Sigo un poco perdido pero, poco a poco.
No eres más aquella que me amó, supongo. La que metía su dedo en mi nariz o me quitaba las pestañas muertas del párpado. Eso fue lo último que hiciste, esa última mañana, después del final, cuando supe que ya se habia desvanecido.
No volveremos a ser ese par de chicos que poco les preocupaba el futuro. A quienes la vida aún no había deslumbrado. Porque ese futuro nos alcanzó y puso enfrente aquello que ya no sería más necesario continuar. Primero las excusas para faltar a clases, después las excusas para salir temprano del trabajo; ahora no hubo que inventar más excusas.
Y a pesar de ser tan poco tiempo, ha sido todo tan distinto. La falta de emoción, la falta de asombro. La falta de confianza porque ya nada dura, ya nada llena. Ni siquiera los recuerdos. Tampoco en ellos puedo confiar.
Pero es responsabilidad mía por no haberme puesto un límite. Es que, ¿para qué amar si vas a hacerlo con precaución? ¿Para qué llegar a la vida de alguien si no le vas a ofrecer la tuya?
Me dijeron que tal vez debimos perderlo para no tener miedo de soltar otras cadenas. Que tal vez mi misión en tu vida fue mostrarte que se puede seguir sin cargas. Que ahora te sería más fácil tomar ciertas decisiones que te ayudarían a conseguir la libertad que buscabas.
Tal vez tienen razón. Quizá mi propósito fue hacerte saber cómo se siente que te amen así. Ahora ya sabes que es posible. No dejes de buscarlo. Es lo que mereces.
Y aunque tu voz se disipe por completo, aunque dejen de sonar las canciones que me recuerdan a ti, aunque nunca nos volvamos a cruzar en esta gran ciudad... existe algún lugar etéreo donde no nos ganó el miedo, y donde no nos alcanzó la urgencia de vivir. Y si alguna vez, a lo mejor por pura curiosidad de lo que fui, te pasas por mi recuerdo, dile que se quede ahí, que no se preocupe. Dale algo con qué jugar y luego regresa a lo tuyo. Él estará bien.
Comentarios
Publicar un comentario