Acá entre nos, aún hay momentos que me gusta revivir cuando me siento en paz. Y son precisamente aquellos donde me sentía en casa junto a ella, cuando llegaba a sentir que sí nos pertenecíamos. Y una mezcla de enojo, confusión y cariño me inunda. 

En algún momento dejé de preguntarme por qué sucedió, pues siempre supe la respuesta. Más bien no era algo que me gustara aceptar. 

Es lo que es y no hay más por hacer. La doctora me dice que no está mal pensar lo que pienso, porque es el combustible para echar a andar mi talento para escribir. A veces no me satisface saberlo. 

A veces quisiera ser cómo tantas otras personas y no sentir como siento, que no es mucho últimamente. Creo que todo se reduce a la conciencia de lo que sentí. Hoy hay paz, silencio y tranquilidad, pero es eso lo que me permite observar todo lo que hubo antes: lo bueno, sobre todo. 

Entiendo la frustración de no haber podido dar lo que me faltaba por dar, tener que abortar planes, ideas, encontrar a alguien que quisiera adoptar regalos que nunca tuvieron dueño, flores que no llegaron a florecer. 

No es mi vida miserable como puede llegar a sonar, pero si no vengo a plasmar todo lo que siento y pienso, ahi sí habria un problema. No seguiría aqui con todos los demás. Mi vida no es siempre idéntica a lo que escribo, pero eso no es porque no lo sienta o no lo piense, es porque sigo haciendo lo que debo hacer y no he dejado de cumplir lo que me propuse.

Y es que a veces me siento perdido por sentirme feliz en mi solitariedad, porque sé que todo pasa y esto está terminando de pasar, pero, y no le vayas a decir a nadie, extraño sentir tanto por alguien más.

Dicen que gana el que se queda con el amor en las manos porque significa que amaste mucho, pero cómo me van a decir eso a mi, que me lo quedé bien impregnado adentro. ¿Cómo lo suelto entonces? 


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